La Fifacracia (¿dónde estás Assange?)

Fifacracia.

1. sust. f. Dícese de la corrupción y tiranía que ejerce un organismo privado, principalmente deportivo, sobre la misma cosa que dice gobernar.

2. sust. f. Dictadura insolucionable.

3. sust. f. Gobierno de la FIFA, para la FIFA.

Todos sabemos lo que es y lo que no es la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociación). Intentos para definir semejante ente privado de colosal burocracia y favores recíprocos: miles. Lo que hace la FIFA, sin embargo, es algo ya patológico de un cuerpo privado que mueve dinero y personas como pocas organizaciones a nivel mundial. Sus artilugios y estructura pútrida rebasan toda catalogación y comparación (aunque siempre es bueno usar otros ejemplos, no necesariamente futbolísticos, para mostrar y corroborar los mecanismos de realpolitik maquiavélica y rupestremente déspota del compadrazgo organismo).

Una dictadura, según la definición de cualquier diccionario que usted consulte y de la lengua que sea, le dirá que es “una forma de gobierno donde hay una fuerza dominante o concentración de la autoridad en un individuo, un organismo o una institución”. ¿La FIFA es una dictadura? Por supuesto. Muchos pensarían que todo el poder se concentra en ese dantesco y paradigmático personaje llamado Joseph Blatter, y mal no estarían. No obstante, más allá de ser la dictadura de un sólo personaje, es más bien una dictadura comandada por seres tenebrosos y ancianos que se cubren las espaldas en detrimento del gobierno del fútbol mundial y a favor de sus bolsillos; seres ¿humanos? que difícilmente pueden ya hablar y que han tenido el poder de sus federaciones, uniones y demás terminología administrativa hueca por más de dos décadas, mínimo (en una gran cantidad de los casos). El Leviatán del deporte más popular del mundo está lleno de Pinochets, Francos, Mubaraks, Gaddafis, Stalins, Bushs, Castelo Brancos, Videlas… aunque en su justa proporción. Para nada estoy acusando a los carcamales sentados en sus asientos de oro y plumas de ganso de ser genocidas o criminales de lesa humanidad, pero es que los periodos de tiempo que llevan ‘gobernando’ el fútbol, sus maniobras corruptas y su escaso contacto con la realidad hacen que estos sátrapas del balón se acerquen al perfil psicológico de semejantes ‘joyas’ de la humanidad. Incluso, todavía sería más acertada la comparación entre la FIFA y el rancio PRI que gobernó México por 70 años. Un desfile de ‘candidatos’ con una lucha de poder encarnizada en sus cimientos, dónde el darwinismo social más primitivo encontraba lugar y los ‘posibles’ herederos del poder se golpeaban con todo y acusaban de todo para sacar al contendiente de la carrera hasta que quedara un solo ‘candidato’; un único individuo bendecido e iluminado por obra y gracia del sagrado dedo del gerontócrata en turno. Si como dijo Vargas Llosa, “México es la dictadura perfecta” en tiempos del PRI; la FIFA es un ejemplo de libro de texto de totalitarismo/despotismo ilustrado en la gobernanza de un deporte (y yendo más allá, de un deporte que controla las pasiones de una gran parte de la humanidad y las posibilidades de ascenso y mejora social en muchísimos países subdesarrollados alrededor del mundo).

Todos sonrisas, todos aplausos. Blatter se para en el podio, y con voz ronca y agrietada lanza un discurso que reconoce el problema, pero que se solucionará después (después de llenarse sus bolsillos y los de sus colegas dinosáuricos, claro está). Con la prepotencia digna de un demagogo que cree que hace las cosas bien, lanza sablazos verbales al aire que hacen dudar de la legitimidad de los reclamos que tienen países como Inglaterra, Escocia, Alemania, Francia o Australia  en torno a la pulcritud de la FIFA y sus integrantes. Hasta ese dictador bananero llamado Julio Grondona escupe en un castellano porteño ya maltrecho por la edad que “la culpa de todo, para variar, la tienen los ingleses”. Mira tú por donde. Matemos al mensajero (colgándonos de sentimentalismos nacionalistas para seguir enriqueciéndome a costillas del deporte).

Grondona y Videla. Dos chicos de cuidado.

Puede sonar a sacrilegio, pero no sería osado afirmar que la FIFA es una de las organizaciones no gubernamentales más poderosas del planeta. Con más miembros que la propia Organización de Naciones Unidas, la FIFA es un ente poderosísimo en la escena geopolítica internacional (incluso, existe una frase célebre no comprobada del ex-Secretario General de Naciones Unidas Kofi Annan que reza “cómo esperamos que nos hagan caso (a la ONU), cuando tenemos menos miembros que la FIFA”). Muchos dirán “es sólo fútbol”. ¿Seguros? La cantidad de dinero y personal que mueve la FIFA es impresionante. Gobiernos que en el estrado de la Asamblea General de Naciones Unidas toman una postura severa y firme, ante la FIFA se inclinan y se arrodillan. Blatter, cuando viaja a un país, tiene la misma protección que el Presidente de Estados Unidos, el Papa o Bono (y no exagero). El presidente de la FIFA es recibido como un Dios, un Mesías, un iluminado que porta bajo el brazo las buenas intenciones de un balón que gira en terrenos polvorientos y lodosos de África (sin contar lo que significa para cualquier país del orbe el hospedar una Copa Mundial, obviamente). “Es la economía, estúpido… y el circo para el pueblo también”. Blatter es el amigo de todos: de Putin, de Chávez, de Obama, de Calderón, de Evo, de Lula, de los jeques qataríes, de Sarkozy, del Secretario General de la ONU, del Presidente del Comité Olímpico Internacional… así ad nauseam. Como para imaginar el posible Facebook de Blatter.

Blatter y Sarkozy

¿Quién puede parar a la FIFA y la récula de gamberros que está a cargo de ella? Me niego a creer que este Frankenstein no se pueda controlar o desactivar. ¿Esperar a que alguna alma bondadosa se convierta en Presidente? Parece difícil, ya que si existe un alma bondadosa no aparecerá en mucho tiempo (sin contar que harán todo lo posible para manchar su elección). ¿Hacer un organismo paralelo que gobierne el fútbol y al cual pertenezcan países a disgusto de la FIFA? Posible, si es que países como Inglaterra, Alemania, Francia, Japón y Estados Unidos (cuyas empresas financian de manera jugosa a la FIFA) se uniesen; aunque el fútbol viviría un cisma en todo ámbito posible y habría una guerra encarnizada entre la Federación legal y la legítima. ¿Un infiltrado en la FIFA que revele documentos confidenciales? Esta es quizás la opción más lógica, útil y probable a realizarse en estas épocas. Solamente se necesita una o varias almas valientes en el interior de la FIFA que osen desafiar al sistema y extraigan esa información para después dársela a los medios de comunicación; y para que así la humillación pública internacional y la comprobación de algo que era evidente a todas luces genere una reestructuración de pies a cabeza de la organización. Se necesita un ‘Wikileaksgate’, estilo FIFA. (¿Dónde están Assange y Manning?)

Assange y los secretos

Impresionante que en una época en que las sociedades se vuelven más exigentes, plurales, democráticas, revolucionarias y transparentes; la FIFA reme a contracorriente, volviéndose más sucia, más corrupta, más cínica, más… FIFA.

Se solicitan héroes de la transparencia. Leakers for hire.

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Una respuesta a La Fifacracia (¿dónde estás Assange?)

  1. Israel Nungaray González dijo:

    Este es el tipo de asuntos inaceptables en cualquier organización que congregue a sociedades de distintos países. Lo que deben combatir los detractores del fútbol no el aspecto cancha que muchas veces no entienden por eso rechazan. A nosotros los aficionados nos corresponde enterarnos y darlo a conocer como lo hace esta columna. No podemos engañarnos y la podredumbre que ha salido a la luz en los últimos días no hace más que confirmar lo que muchos sospechábamos. En particular el asunto del mundial ganado “limpiamente” por Qatar.

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