Un cielo blaugrana

Wembley aguardaba desde hace semanas la final soñada. Los dos mejores equipos de la actualidad: Barcelona y Manchester United. Dominadores absolutos de sus ligas llegaban cada uno con su acreditación de buen futbol acompañado de resultados, estilos claramente diferentes pero finalmente efectivos. Las apuestas y el favoritismo se inclinaron por el conjunto catalán a razón de tener mejores futbolistas,  el dominio total del balón sobre el adversario y el recuerdo de aquel 2-0 en Roma un par de años antes. El United, con un equipo bien trabajado pero finalmente sin tanta exquisitez, es un cuadro compacto que machaca cuando hay que hacerlo y aniquila sin piedad sin necesidad de pasearse los noventa minutos ante sus rivales.

Los ingleses tuvieron que jugar nuevamente de blanco y eso pintaba como mal augurio para unos, aunque la sed de revancha y la experiencia mayor de Ferguson sobre Guardiola hacían pensar en un optimismo mayor para los Red Devils.

Saque inicial y primeros minutos de agobio sobre la portería de Víctor Valdés. Centros, combinaciones que no prosperaban, un casi blooper entre el portero y Gerard Piqué, todo derivado de la presión que ejercían los muchachos (y también los veteranos) de Sir Alex. El Barça no salía de su campo y equivocaba todos los pases.

Hasta que, como tenía que ser, Xavi pidió la pelota en la salida, empezó a dormirla y a combinar con sus compañeros (y a partir de ahí no lo dejó de hacer hasta que el árbitro pitó el final). En ese momento muchos se habrán acordado de Roma y jurarían que la historia se repetía. Pero no hay que adelantarse a las cosas en una final, aún faltaba mucho. O no tanto en realidad, porque al minuto 27, justamente el que llevaba el brazalete de capitán tras combinar con Iniesta, se internó en tres cuartos de cancha para aprovechar el espacio que dejaron las marcas y habilitar a Pedro. Y bien dicen que San Pedro tiene las llaves del Cielo, pues Pedro Rodríguez, Pedrito o ahora Don Pedro tiene la llave de la gloria en su pierna derecha  y tras vencer/engañar a Van der Saar dejó estallar en júbilo a un más que tenso estadio de Wembley.

Pero los ingleses no la iban a dejar fácil a los culés. Presionaron nuevamente la salida (lástima que esa fue la última vez), recuperaron el balón con el Barça mal parado, los talentosos Valencia- Rooney- Giggs se juntaron, tiraron un par de paredes (con el último en fuera de juego) y Wayne Mark con el sello de la casa la puso al ángulo y 1-1.

El festejo intimidaba y devolvía los ánimos al United, pero apenas era el empate, faltaba escribir el resto de la historia. Y esa la escribieron los artistas. El guión del Barça siguió siendo el mismo aunque tuvo que esperar al segundo tiempo para definir para qué vitrinas iría la cuarta Champions League. En el vestuario Pep les habrá insistido en sorprender elaborando menos y buscar los disparos de fuera del área, porque justo así llegó el gol de la diferencia. Y no pudo ser otro que el mejor jugador del mundo: Lionel Messi. Zurdazo sorpresivo ante la complacencia defensiva y que toma mal parado al arquero.

Lo festejó con la rabia y la alegría de quien se sabe que tiene el título en sus narices, pero su demostración no se iba a quedar corta. Siguió siendo el mejor. Su medio campo lleva los hilos de la posesión, la recuperación y la administración del balón, pero es Lio el que cuando está de frente encara y es imposible de parar si no es con falta. Mostró un repertorio de caños, dribles, fintas y sprints increíbles: no lo podían frenar. Y en una de esas jugadas, le cayó el balón a Busquets que asistió a David Villa que pisó el balón para acomodarlo luego en el ángulo, gritar el gol que liquidaba el partido, seguir justificando su fichaje y poner la guinda a un partido colosal de todo el Barcelona.

Ya la historia estaba escrita. El árbitro había pitado el final, el cielo se había pintado de blaugrana, pero faltaba levantar la Copa. Y en ese momento sin escribir nada el Barça dio a entender su filosofía: “Mès que un club”. Puyol se reservó el derecho de capitán a levantar el trofeo cediendo la chance a Eric Abidal, el tipo que hace un par de meses tenía un tumor y se debatió entre la vida y la muerte pero que se recuperó y disputó la final. Un detalle único. Y como sabemos, son esos pequeños detalles donde conoces a una persona y en esta ocasión a una institución. El Barça campeón de Europa dignamente y con un futbol de antología, ahora es de época y seguirá para hacerse leyenda.

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Acerca de Daniel Ortiz

Apasionado y fanático de los deportes, me gusta intercambiar ideas, opiniones, sueños, conocer gente, culturas, países, historias de vida...
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Una respuesta a Un cielo blaugrana

  1. Israel Nungaray González dijo:

    Excelente. El detalle de Abidal, como mencionas, dice mucho de lo que es el FC Barcelona. Ha resultado un deleite ser testigo del partido y de esta etapa triunfal en general. Visca el Barça y visca La Masía!

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