Historias de fútbol – Peace and Love

por eso nos confundió las lenguas y a partir de ese instante, como ves, dejamos de entendernos… –José Saramago, Caín.

Estadio Riazor, A Coruña, 6 de febrero de 1993. Se enfrentan Deportivo y Sevilla en la liga española. Maradona puntea el balón y accidentalmente golpea al jugador local Alberto Albístegui, rompiéndole la nariz y causándole una hemorragia. Se detiene el partido para dar entrada a las asistencias médicas de ambos equipos, pero es el jugador del Dépor el único que realmente requiere atención, de manera que el médico del Sevilla, que además llegó primero, atiende al rival en un gesto de deportivismo. En la banca del Sevilla está el histórico entrenador Carlos Salvador Bilardo, famoso por su filosofía de “ganar o morir”. Bilardo explota en el banquillo al ver la situación. Las cámaras de la televisión captaron a Bilardo enfurecido, insultando y reclamando a su propio cuerpo médico. Se registraron en el audio sus palabras textuales:

¡Ah, en vez de agarrar a Diego agarra al otro!

¡Domingo, los de colorado son nuestros!” –en referencia a la equipación roja de visita del Sevilla.

¡Me quiero morir, al enemigo ni agua!

¡Cómo vas a atender al otro, qué carajo me importa el otro, pisalo, pisalo!

Las cámaras captan al médico tratando de explicar la situación, pero Bilardo no entra en razón y le responde una y otra vez: “¡Pisalo, pisalo, pisalo!

La situación captada por las cámaras generó debates entre los periodistas deportivos. Hubo quienes justificaban la reacción de Bilardo, argumentando que el objetivo del juego es ganar y el rival bien puede irse al infierno. Hubo otros –los más– que criticaron fuertemente al entrenador argentino, en referencia al juego limpio, la deportividad y el compañerismo dentro de la cancha de juego. Si mi jugador no está lesionado y el rival sí, ¿pueden mis asistencias atender a un jugador rival? Cada quién puede tener su opinión. Aquel famoso “pisalo”, así, con el acento en la segunda sílaba, clásica pronunciación del Rio de la Plata, a diferencia del castellano “písalo”, acabó convirtiéndose en algo más que una anécdota. Particularmente, la hinchada del Sevilla la adoptó como grito de batalla. “¡Pisa-looo, pisalo, pisalo, pisa-looo!”. Al enemigo hay que pisarlo, destruirlo, aniquilarlo. El grito de batalla creado tal vez sin intención por el narigón, todavía se escucha hoy en varios estadios de España.

La policía arremete contra los violentos.

Estadio La Romareda, Zaragoza, 6 de abril de 1995. Zaragoza y Chelsea se enfrentan en la semifinal de la Recopa de Europa. Zaragoza domina el partido sin dificultad, ganando 3-0, cuando los famosos hooligans ingleses inician disturbios en la tribuna. Los antecedentes de los hooligans habían causado una importante presencia policial, que no tuvo miramientos en acometer fuertemente contra los ingleses, persiguiéndolos y reprimiéndolos con extrema violencia. La parcialidad local entonó el famoso “Pisa-looo, pisa-looo” para espolear a la policía. Al enemigo hay que pisarlo, destruirlo, aniquilarlo. Los incidentes fueron tan graves que el árbitro estuvo a punto de suspender el encuentro. De manera inesperada, en medio de lo más fuerte de los enfrentamientos entre la policía y los hooligans, y en medio de los gritos de “písalo”, los hooligans detuvieron las hostilidades y empezaron a aplaudir a la afición rival. Los policías, al ver aquello, también detuvieron la represión, el partido terminó sin mayores incidentes y el resto del juego, el comportamiento del público fue impecable.

Los hooligans aplauden a la afición de Zaragoza.

Al día siguiente, la prensa inglesa expresaba elogios hacia la afición española. Una reseña de esos días: “Ayer en el estadio español de la Romareda, ocurrió una de las historias más bellas jamás vistas en el mundo del fútbol, cuando los hooligans del Chelsea se estaban enfrentando con la policía española, los hinchas zaragocistas frenaron la pelea al grito de paz y amor…

Los hooligans, al igual que la prensa inglesa, habían entendido el “písalo” bilardista, con una interpretación fonética muy diferente: písalo – peace and love.

A la postre, Zaragoza perdía 3-1 en la vuelta, se calificaba a la final por marcador global, y después ganaría la final, jugada en el Parque de los Príncipes de París, derrotando 2-1 a otro cuadro londinense, el Arsenal. Aquella copa, actualmente desaparecida, enfrentaba a los ganadores de los respectivos torneos de Copa de las ligas europeas.

La historia podría ser la de la canción más linda jamás cantada en una cancha de fútbol. Si Bilardo se hubiera enterado de aquello, seguramente se habría querido matar… otra vez.

Fuente: José Antonio Martín Petón. Programa de TV “Punto Pelota“, España, 2010.

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La estrella que ilumina y mata
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