Emilio (o de la importancia de la educación en un futbolista)

“La educación es el desarrollo en el hombre de toda la perfección de que la naturaleza es capaz” – Immanuel Kant

¿Es importante que un futbolista tenga un nivel de cultura aceptable? ¿O solamente deben dedicar su tiempo a aquello que les apasiona? ¿La educación y la cultura influyen en el comportamiento y forma de juego de un futbolista? ¿O son llanas nimiedades? En Trequartistai exploramos este tema que produce discusiones, tanto en el mundo futbolístico como fuera de él.

Transcurría el partido Real Madrid-Villarreal el pasado 9 de enero. Se estaba jugando el segundo tiempo de un partido que tenia emociones a tope, y con un fútbol de gran calidad desplegándose en el terreno de juego. En determinado momento del partido Ángel di Maria, el habilidosísimo jugador del Real Madrid, recibe el balón y construye una jugada peligrosa para el arco del Villarreal. Sin embargo, está termina en las manos del arquero. Después de la jugada, el narrador (de la transmisión original desde España) cuenta una anécdota de di Maria que me deja reflexionando: “A di Maria no le gusta leer. Lo ha dicho en una entrevista, donde mencionaba que él pasaba de la escuela y que lo único que quería tener cerca era un balón”. A continuación, el analista complementa al narrador: “Pues sí. Hay chicos que no gustan del colegio; pero mientras, nos deleitan con su gran calidad de juego”.

Esto sin duda da pie a una reflexión intensa. ¿Qué significa que a un jugador de fútbol (como a muchísimos más) no le guste ni siquiera tocar un libro? Podemos empezar dándonos cuenta que no es positivo para su persona y su desarrollo. “¿Para qué leer a García Márquez?” “¿De qué sirve que conozca la obra musical de Vivaldi?” “Y la raíz cuadrada, ¿para qué la voy a usar?” “¿Indonesia? ¿Dónde está eso?” Cierto. En este momento no necesita saber la respuesta a semejantes preguntas tan inútiles (¿o no?) en su profesión. Sin embargo, esa actitud es una enfermedad virulenta en un cantidad vasta de jugadores de fútbol: el no cultivarse o educarse como es debido, a causa de los placeres de los que gozan  y que les impide ver que esa educación que desprecian algún día les servirá cuando las piernas no rindan y sus agentes (o ‘managers’) los dejen olvidados y no estén ahí para resolverles la vida. ¿Cuántos jugadores no vemos que acaban arruinados y olvidados al no tener preparación alguna? ¿O cuantos jugadores se enfrentan a terribles lesiones que los retiran prematuramente del deporte y se percatan que no tienen nada más que ofrecerle a la sociedad? Son casos penosos y tristes, sin duda. Pero no podemos negar que casos así son comunes en una actividad como lo es el fútbol, que exige al máximo las capacidades físicas de un individuo, sin tratar de ejercitar su mente en un nivel aceptable.

Y no solo es di Maria. En Cataluña, por ejemplo, en el programa ‘Crackòvia’ de  TV3, se parodia a Messi como alguien que nunca ha tocado un libro en su vida (“¿Qué es ‘llegir’?” se pregunta constantemente el personaje cada vez que alguien menciona la palabra; siendo ‘llegir’ la palabra en catalán para el verbo ‘leer’). O incluso Wayne Rooney, que a pesar de sus talentos con el balón, es visto en Inglaterra como todo un ‘tacky’ (osease, alguien falto de educación). Este mal y la miopía a futuro que genera afecta a futbolistas de todas las nacionalidades, sin importar que talentoso se es.

Y no vengo aquí con discurso moralino. Al contrario. El fútbol representa una válvula de escape útil y necesaria para todos estos chicos, evitando que caigan en vicios y actitudes criminales. Sin embargo, una vez que has evitado esos problemas y has salido adelante con este bello deporte, ¿por qué no prepararte más? ¿Por qué no crecer en lo individual con el dinero que obtienes? ¿Por qué ese deseo de estancarse en lujos fútiles y en la aclamación popular? Y mucho más importante, ¿por qué no predicar con el ejemplo? Esta actitud es común en el futbolista moderno. Imagínese que un jugador famoso, el cual es modelo a seguir para muchos niños y jóvenes, se confiesa lector en una entrevista; y menciona que actualmente está leyendo ‘Moby Dick’ de Herman Melville. ¿No cree usted que por lo menos algún muchacho que escuche la entrevista tendrá la curiosidad de descubrir ese libro? Son pocos los futbolistas que se dan cuenta de la responsabilidad social que tienen con la educación de niños y jóvenes. Le apuesto que si jugadores famosos hicieran publicidad a nivel mundial de los beneficios de leer y educarse, muchos jóvenes alrededor del mundo tomarían los libros y pondrían un poco más de énfasis en sus estudios; vayan a ser futbolistas o no. Y esto terminaría beneficiando no solo al joven en lo individual, pero también a la sociedad en la que se desenvuelva el adolescente. Por supuesto, gran parte de la labor de generar educación en un país depende de los gobiernos. No obstante, figuras públicas como el futbolista, pueden ayudar de manera útil a que el objetivo sea un poco más fácil de alcanzar.

Ahora, piense usted qué temas de plática podrá tener alguien con un futbolista que desprecie leer. Seguramente tocará muchos temas de fútbol pero, ¿y después? Estamos en el entendido que el fútbol es una pasión, pero me es difícil de creer que sea de lo único que viva el hombre. El prepararse intelectualmente puede ayudarle al jugador, tanto en su presente como en su futuro, a no descarriarse y a alcanzar un mejor nivel de vida (aunque para muchos jugadores con visión cortoplacista, nivel de vida es tener cuatro autos Bentley y una modelo sueca de novia; ignorando, sin embargo, quién fue Alejandro Magno). Inclusive, piense usted en un futbolista ya retirado. Si no se preparó, ¿quién va a hacer las cosas por él? Su agente, muy probablemente, ya lo dejó si no quiere ser director técnico. ¿Puede imaginarse las dificultades que puede tener un futbolista si desea abrir una cuenta de banco o comprar una casa y no tener a alguien que le explique tanto término legal? Afortunado sería aquel que tenga suficientes ahorros para pagar un asesor jurídico. Pero, ¿y los que no fueron tan bien pagados? ¿O los que despilfarraron gran parte de su dinero en cosas innecesarias? No quisiera estar en sus zapatos. Y lo más sorprendente es, que los que ahora están en la cumbre, no se percaten que ha habido varios en el fútbol mundial que acaban olvidados y en lo más bajo de la montaña en la que solían reinar. Bien lo dijo alguna vez Pitágoras: “Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”.

Por ello es bueno que haya directores técnicos que intenten inculcarle a sus jugadores algo de cultura y apetito por el saber. Ahí están Jorge Valdano o Cesar Luís Menotti, que logran mezclar la estrategia futbolística con la filosofía y la literatura. También tenemos a Pep Guardiola, que motiva a sus jugadores a leer poesía (él mismo es fanático de la obra del poeta catalán Miquel Martí i Pol). O  Luiz Felipe Scolari, que para motivar a sus jugadores, les hace leer ‘El arte de la guerra’ de Sun Tzu (obra clásica de la literatura de la China antigua). Incluso Helenio Herrera leía obras de psicólogos y filósofos, tratando de aplicar esos conceptos en el terreno de juego y en los entrenamientos (él mismo declaró que uno de sus autores favoritos era Sigmund Freud).

Esto nos lleva a descubrir que los jugadores que de una u otra forma entran en contacto con la educación, ciencia y cultura; pueden tener mejoras en su forma de juego y personalidad. Algún jugador que antes era timorato, puede fortalecer su autoestima y sus capacidades de liderazgo al saber que su mente se está ejercitando y está aprendiendo cosas nuevas (sin mencionar, que esos conceptos puede aplicarlos en el terreno de juego). Y que decir del momento de expresarse fuera del campo. Un jugador que ha leído y se ha educado, de una forma u otra, va a expresarse con mayor claridad en entrevistas y a cualquier lugar al que le inviten a hablar. ¿Cuántos jugadores hay que dan entrevistas, y que no dicen nada en términos de contenido? No se les pide que sean Einstein o Vargas Llosa, pero sí que se preocupen un poco más por ellos mismos.

Marti i Pol y Guardiola

¿Y por que le debe interesar al aficionado que un futbolista se prepare y se preocupe por sí mismo? Simple. Por el propio fútbol. Jugadores más y mejores preparados seguramente tendrán un efecto positivo en el deporte y su entorno. Generarían ideas frescas, incorporarían lo aprendido en esquemas tanto administrativos como deportivos. Si se transforman en directores técnicos, pueden inculcarle ese ‘amor por el saber’ a sus jugadores, generando un circulo positivo. Si se convierten en analistas o comentaristas, seguramente sus análisis y crónicas (o columnas en medios impresos) tendrán más contenido y le aportarían mayores conceptos al aficionado. Podrían inclusive escribir libros de buena calidad relativos al fútbol; viendo que la producción literaria con respecto a este deporte es nula en México, y escasa a nivel mundial. Todo esto solamente puede beneficiar al fútbol en todas sus aristas. Incluso, ayudaría a callar las voces de los críticos ‘snobs’ que menosprecian al fútbol (y al deporte general… a menos que sea Polo o Golf) por ser de gente ‘ignorante’ y ‘maleducada’. El fútbol generaría una mejor impresión en aquellos que no lo siguen y que piensan que todos los que lo juegan son ‘asnos ególatras’. Incluso, este hermoso deporte ganaría más adeptos.

Un gran libro de futbol, de un grande de la literatura latinoamericana

Cierto es que hay varios ‘asnos ególatras’ dentro del gigantesco mundo futbolístico. Por ello, es preciso que como aficionados motivemos y exijamos al jugador a prepararse, a cultivarse, a educarse. Un mejor futbolista generará mejor fútbol, mayor espectáculo y mejores aficionados. Le beneficia a él, le beneficia al entorno futbolístico y nos beneficia a nosotros como seguidores. Entonces, ¿qué fútbol queremos tanto a corto como a largo plazo?

La mejor respuesta, como siempre, es la de usted. Le invito a que la plasme en la sección de comentarios. Enriquezcamos este deporte y este espacio con el sano debate.

Usted, ¿qué opina?

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