¿Qué va primero: el sistema o el jugador?

El fútbol es un juego en equipo, pero el espectador generalmente paga por ver a las estrellas en el campo de juego. Como lo menciona Alison Ratcliffe en su artículo en la revista ‘Champions’ (revista oficial de la UEFA Champions League) de junio-julio de 2010 (de la cual es extraído y traducido este articulo); esta paradoja se le presenta a todos los entrenadores de manera recurrente.

—————————————————

¿Qué fue primero: el huevo o la gallina? Esta pregunta ha preocupado a pensadores y filósofos desde Aristóteles hasta Stephen Hawking, de Arsène Wenger a Louis Van Gaal. Entonces, ¿debería la estrategia nacer de los jugadores disponibles y su talento? ¿O acaso los jugadores existentes deben de adaptarse a la estrategia escogida por el entrenador?

“La gallina primero”

Cuando fue director deportivo del Real Madrid, Arrigo Sacchi mencionó el haber prescindido (cuando dirigía al Milán) de jugadores brillantes y de gran calidad porque no sabían moldearse a un sistema determinado. Sacchi no estaba de acuerdo con la política ‘galáctica’ del conjunto blanco: “No había un proyecto determinado. Todo se reducía a explotar las cualidades individuales de cada jugador. Sabíamos que Zidane, Raúl y Figo no bajaban a defender, por lo que tuvimos que poner a un tipo enfrente de los cuatro defensores que pudiera hacer labor defensiva. Sin embargo, así es el fútbol ‘reaccionario’ (o reactivo).”

Y Sacchi continúa: “Muchos creen que el fútbol abarca solamente a los jugadores expresándose como les plazca. Pero ese no es el caso. O al menos, no en si mismo. El jugador necesita y debe explotar sus talentos, pero dentro de los parámetros establecidos por el entrenador. Es por ello que el director técnico tiene que llenar su cabeza con todos los escenarios, herramientas y movimientos posibles. A partir de ello, el jugador hace decisiones basado en eso”.

Los parámetros de Sacchi rondan los 25 metros. Esta es la distancia que el gran Milán que construyó en la década de los noventa mantenía entre las líneas ofensiva y defensiva en su esquema de 4-4-2. Se movían hacia delante y hacia atrás, hacia la izquierda y hacia la derecha; todo como una unidad compacta. Cuando el conjunto rossonero tenia la posesión de la pelota, se necesitaban cinco jugadores que estuvieran delante del balón; con un jugador en cada flanco. Las posiciones de los jugadores, sin embargo, eran intercambiables; y la escuadra completa se ajustaba a cada movimiento del balón, al equipo contrario o para cuando jugaban con alguien menos por expulsión o lesión. Su famoso ‘pressing game’ (juego de presión) incluso tenía cuatro diferentes versiones para ser desarrolladas de acuerdo a cada circunstancia. El permitir que los jugadores lidiaran con diferentes escenarios requería sesiones intensas y repetitivas de entrenamiento. Cuando Carlo Ancelotti firmó para el conjunto rossonero, Sacchi le obligaba a llegar una hora antes del entrenamiento todos los días para practicar con las escuadras juveniles hasta que se aprendiera el sistema de memoria.

Después, Sacchi tomó el desafío de llevar su sistema cuidadosamente calibrado y practicado a la escuadra nacional italiana. Italia alcanzó la final del Mundial de Estados Unidos 1994, pero después del torneo Sacchi prescindió de Roberto Baggio, Gianluca Vialli, Beppe Signori, Roberto Mancini y Gianluca Pagliuca para construir un nuevo equipo acorde a su visión. Sin embargo, Italia fue eliminada en la primera fase de la Eurocopa de Inglaterra de 1996, y Sacchi admitió que no podía recrear su elaborado proyecto con el poco tiempo con el que contaba como seleccionador italiano. Incluso después del regreso de Sacchi al Milán (donde Fabio Capello había mantenido el espíritu de su sistema, aunque no al pie de la letra), el propio Sacchi fue incapaz de llevar a sus jugadores a las alturas a las que antes habían estado en términos de perfección táctica.

Puede ser que en el fútbol moderno esa obsesividad táctica sea cada vez más difícil, pero la manía por el control todavía vive en entrenadores como Arsène Wenger. El técnico del Arsenal ha permitido que su amado 4-4-2 se amoldara a los atributos de nuevas generaciones de futbolistas en años recientes, desplegando un 4-5-1 y un 4-4-3 en varias ocasiones; sin embargo, su capacidad de fichar jugadores de forma mesurada e inteligente representa una oposición a comprar jugadores que no hayan sido vistos, aprobados y pedidos por él mismo. No sólo son jugadores ‘verdes’ educados a la manera del Arsenal; sino que las piezas son colocadas de manera repetida en nuevos espacios. Ejemplos de esto son Emmanuel Petit pasando de lateral izquierdo a defensa central y de ahí al medio campo, Thierry Henry de extremo a delantero; o actualmente Theo Walcott pasando de ser delantero a extremo. Estos dos últimos ejemplos muestran el eterno interés de Wenger de crear peligro incisivo y veloz desde los flancos. Wenger alguna vez declaró: “Quiero tener éxito construyendo un equipo con estilo, con un ‘saber-cómo’, con una cultura de juego especifica y característica del club”. Si esto significa esperar a que llegue ese éxito en lugar de comprar y gastar, Wenger se encuentra preparado para ello.

El Barcelona también demuestra lo que es una tradición futbolística (o lo que varios detractores llaman ‘intransigencia institucional’) más que las ideas impuestas por un entrenador. Como lo mencionó recientemente Fabio Capello: “Pep Guardiola no es un gran innovador, pero ha demostrado tener un gran talento para liderar un vestuario”.

El club, de manera más o menos constante, ha mantenido un 4-4-3 que privilegie la posesión del balón desde los tiempos de Johan Cruyff como entrenador (hombre para el que jugó Guardiola por seis años). Xavi, Puyol, Messi, Iniesta, Busquets, Bojan, Pedro, Víctor Valdés y Piqué son todos productos de La Masia educados a la manera del Barcelona. Un ejemplo claro de esto lo establece Michael Robinson, comentarista y analista de fútbol español: “Si ponen a veinte niños en un parque a jugar fútbol, puedo decirte cuales juegan para el Barça”. Los fanáticos blaugranes esperan con interés el resultado del reciente coqueteo de Guardiola con el 4-2-3-1.

“El huevo primero”

A pesar de que la fluidez del ‘fútbol total’ necesita de mucho entrenamiento, adiestramiento y pensamiento del entrenador, Rinus Michels (el creador de este estilo de fútbol) se muestra abierto a la naturaleza orgánica y dinámica de su desarrollo. “Al comenzar, no tienes una idea exacta sobre los objetivos por los cuales trabajarás. El desarrollo táctico del equipo… eso sólo fluye y sucede”.

Ajax había ganado cuatro ligas holandesas seguidas y había alcanzado la final de la Copa Europea de 1969 jugando con el 4-2-4 tan de moda en ese tiempo, hasta que un empate con el Feyenoord de Ernst Happel convenció a Michels de cambiar de formación. El nuevo sistema se acoplaba mejor a lo intercambiable de las posiciones, pero como Barry Hulshoff remarca: “La gente no pudo ver que algunas veces hacíamos las cosas de manera automática. Y eso surge de tanto tiempo de jugar juntos. El fútbol es mejor cuando es instintivo. Con esa manera de jugar crecimos”.

Brasil ganó el Mundial de México 1970 con un ‘sistema’ que el escritor Jonathan Wilson describe como “(solamente) jugadores que en el terreno de juego expresaban y hacían lo que querían”. Como entrenador, Mario Zagallo dijo: “Lo que este equipo necesita es grandes jugadores. Intentemos eso y veamos a dónde nos lleva”.  Brasil también sorprendió en el Mundial de España 1982 con un 4-2-2-2 al emplear el entrenador Telê Santana a cuatro fabulosos creativos (Cerezo, Zico, Sócrates y Falcão) en la misma cancha.

Tal ‘dejar hacer’ parece tan oxidado como el manejo de Sacchi de su equipo cual titiritero. Pero hay entrenadores modernos que toman a los jugadores con los que cuentan como punto de partida de la estrategia. El PSV de 1988, comandado por Guus Hiddink, levantó la Copa Europea de Clubes sin ganar un sólo partido desde la etapa de cuartos de final; llegando a la final con un 5-3-2. Puede ser que dicha forma de juego no haya sido atractiva, pero ciertamente maximizó las capacidades de los componentes del sistema.

Si la doctrina de ‘la gallina primero’ es incompatible con el fútbol a nivel de selecciones, el éxito pragmático de Hiddink con la doctrina del ‘huevo primero’ está basado en la lógica. La selección holandesa del Mundial de Francia 1998 que llegó hasta las semifinales alineaba tanto con un 4-4-2 como con un 4-4-1-1. Dos años después, cuando Hiddink tomó el puesto de seleccionador en Corea del Sur, las cosas fueron diferentes. El entrenador holandés Piet De Visser, mentor de Hiddink, intenta descifrar el pensamiento de Hiddink: “Él había observado que los jugadores surcoreanos eran fuertes físicamente, por lo que decidió usar un 3-4-3 en donde los 3 de enfrente siempre presionaran a los defensores. El medio campo era convencional con uno defendiendo, uno atacando y dos por las bandas”. Hiddink después llevó al PSV en 2005 a las semifinales de la Liga de Campeones jugando con un 4-3-3, un sistema que continuó usando paralelamente como seleccionador de Australia; dónde la facilidad de cambiar por un 4-5-1 le permitió explotar la defensa con que contaban los Socceroos. Y después vino Rusia. “Rusia siempre había jugado con un 3-5-2”, menciona De Visser, “pero Guus lo cambió a un 4-3-3. Tenía laterales fuertes, con Yuri Zhirkov que podía atacar desde la izquierda y Aleksandr Anyukov desde la derecha”. Las cosas cambiaron otra vez, ahora a un 4-1-3-2 durante la Eurocopa de Suiza-Austria de 2008 cuando Hiddink notaba la necesidad de usar un poco el freno de mano.

Marcello Lippi es otra prueba de que el éxito sostenido puede ser alcanzado a través del método reactivo de dirección técnica. Durante sus ocho años como entrenador del Juventus, la montaña por lo general fue a Mahoma. Después de usar el 1-3-3-3 de Giovanni Trapattoni en 1994, Lippi lo cambió por un 4-3-3 después de la llegada del mediocampista Vladimir Jugović. Este sistema ganó la Liga de Campeones de 1996, pero además dio lugar a un 4-4-2 para acomodar a Paolo Montero, Zinédine Zidane, Christian Vieri y Alen Boksić. Después de que Vieri y Boksić se fueron, la Juve alcanzó la final de la Liga de Campeones de 1998 con un 4-3-1-2, y la final del 2003 con un 4-2-3-1 con un mediocampo temible integrado por Edgar Davids y Alessio Tacchinardi.

El actual entrenador del Bayern Munich, Louis Van Gaal, también se ve a sí mismo como un entrenador reactivo. “Un sistema depende de los jugadores con los que cuentas”, dice Van Gaal. “Yo emplee un 4-3-3 con el Ajax, un 2-3-2-3 con el Barcelona y un 4-4-2 con el AZ Alkmaar”. Ahora Van Gaal usa un 4-4-2 o un 4-3-3 con el Bayern, una vacilación remarcada por Philipp Lahm, quien criticó al Bayern de comprar a los mejores jugadores en lugar de comprar a los jugadores correctos. Lahm vio la compra de Mario Gómez como una confirmación de que el Bayern alinearía como un 4-4-2; hasta que la llegada de Arjen Robben los regresara a un 4-3-3-.

Sin embargo, las recientes alineaciones de Van Gaal se asemejan más a un 4-2-3-1, con dos mediocampistas de contención enfrente de los cuatro defensores (uno un poco más defensivo, el otro un poco más creativo) y sólo un delantero. Eso deja a tres jugadores de cuatro (Franck Ribéry, Arjen Robben, Ivica Olić y Thomas Müller) quienes no son usados ni como mediocampistas, ni como delanteros, pero sí como algo intermedio entre esas dos posiciones. No solo los sistemas se han vuelto muy flexibles; sino también los roles de los jugadores dentro de ellos.

“Cuidado con el zorro”

Aunque un entrenador prefiera a la gallina o al huevo, todavía tiene que lidiar con el zorro. Se ven distantes los días en que entrenadores como Brian Clough podían conquistar Europa enfocándose en las fortalezas de su propio equipo en lugar de enfocarse en las tácticas y formaciones de sus oponentes. El entrenador astuto de hoy basará también su estilo en cómo juegue el oponente. Tomemos de ejemplo el 4-2-3-1 de Van Gaal: ¿usaría una formación para detener a Robben y a Ribéry? ¿O mejor usar un once inicial que explote los enormes espacios detrás de ellos?

Si la pregunta es qué acercamiento traerá más probabilidades de éxito, quizás la respuesta viene en la forma del entrenador moderno y cuidadoso como lo es José Mourinho. Mientras estuvo en el Inter de Milán, Mourinho fue a veces proactivo y a veces reactivo, llegando al final a un punto intermedio.

Mourinho llegó ávido de usar su dinámico 4-3-3 en un equipo más habituado a la estrategia de contener y atacar. Inmediatamente compró a los extremos Ricardo Quaresma del Porto y a Mancini de la Roma, aunque estos terminaran funcionando mal en el equipo. Un 4-2-4 de la vieja escuela no pudo arreglar eso, pero colocándolos en el viejo 4-4-2 que usaba Roberto Mancini si lo solucionó; aunque con un toque propio de Mourinho. Solucionó el problema del Inter de falta de conexión entre el mediocampo y los delanteros, no con extremos, sino colocando a Wesley Sneijder atrás de los delanteros en un 4-3-1-2. Sneijder está floreciendo después de colocársele en la posición en la que siempre dijo era mejor, pero en la que rara vez jugaba.

La adaptabilidad es el nuevo camino a seguir. Slaven Bilić, seleccionador nacional de Croacia, dijo: “Los sistemas están muriendo. Por ejemplo, 4-5-1. ¿Qué significa eso? Sólo sirven para los periodistas y cronistas al inicio de cada partido. Cuando defiendes, grandes equipos quieren a muchos detrás del balón. Cuando atacas, quieres que los jugadores se unan al ataque de todos lados. Pero tienes que ser compacto”.

“No puedo creer que en Inglaterra no le enseñen a los jugadores jóvenes a ser multifuncionales”, mencionó alguna vez Mourinho. “Para ellos, todo se reduce a conocer una sola posición. Para mi, un delantero no es sólo un delantero. Es alguien que se tiene que mover, que tiene que cruzar el balón, y que tiene que hacer todo esto ya séase en un 4-4-2, un 4-3-3 o un 3-5-2”.

El punto para los entrenadores de y a la vanguardia está claro. El jugador moderno tiene que ser como una navaja suiza, especialmente ahora que hay mayor necesidad por la rotación de escuadras dónde el jugador especifico y monolítico es ya impractico. Inclusive la Roma y el Manchester United han jugado por momentos con equipos cercanos a un 4-6-0, donde la línea defensiva es casi la única especialización. Mientras los equipos evolucionen, esa especialización puede que se desvanezca también.

“Shocks al sistema”

-Los equipos de fútbol tienen una dinámica compleja. El talentosisimo Ajax de Rinus Michels de finales de la década de los sesenta tenía abundancia de talento y un sistema en los que los jugadores embonaban perfectamente. Pero en 1973, después de su tercer Copa Europa consecutiva, el extremo Piet Keizer admitió: “Los intereses personales de los jugadores han tomado el equipo”. Después de un año, cinco de los once que habían empezado en la última final europea, incluyendo a Johan Cruyff, habían dejado al equipo de Ámsterdam.

-José Mourinho probó en 2004 con el Porto que cualquier entrenador tratando de desafiar a los gigantes del juego puede usar un sistema para balancear el terreno de juego. Su equipo tenía mucho talento, pero el trabajo arduo fue premiado por encima de los destellos técnicos. Su 4-3-3, su laboriosidad y su habilidad de controlar el ritmo de juego fue eliminando oponentes.

-Los sistemas no tienen porqué ser aburridos y huecos. El Barcelona y el Milán han desarrollado sistemáticamente un estilo que es parte de la personalidad del club y que es perfectamente entendida por cada jugador, ya séase del primer equipo, de las reservas o de las escuadras juveniles.

Implementar sistemas en el camino a la cima es más fácil que hacerlo después de que ha sido alcanzada. Los primeros síntomas de un declive son por lo general sutiles: un mediocampista que no corre para facilitar un pase o un lateral sin moverse lo suficientemente rápido son un ejemplo; y el único que lo puede identificar es el entrenador. Pero los jugadores, amarrados todavía a viejas glorias, pueden sin percatarse, ir en contra de sus propios roles; haciendo que jugadores más jóvenes sientan que esos jugadores no son imprescindibles y que están viviendo de sus reputaciones. Esas tensiones pueden desbaratar a un equipo desde su interior. Sir Alex Ferguson, cuando se le preguntó sobre los rasgos esenciales que un entrenador debe tener, dijo: “Tienes que saber cuando un jugador ha pasado de su tope. Puede ser difícil, porque el jugador puede haber crecido contigo, pero tienes que saberlo y actuar de conformidad”.

————————————————————-

Este artículo fue publicado en la revista oficial de la UEFA Champions League por Alison Ratcliffe del mes de Junio-Julio de 2010, su edición número 41, páginas 38-41

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Traducciones, UEFA Champions League/Ligas Europeas. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s