L’histoire (toujours) se répète – La historia (siempre) se repite

Robespierre y su guillotina se asomaban en Sudáfrica. Hacia frío y la neblina bajaba sobre el campo con líneas trazadas con cal. El periodo del terror estaba en su punto mas álgido en el ya devastado campamento francés; ese periodo que había comenzado hacia ya dos años después de una noche triste en Suiza. Todo tipo de eventos caprichosamente colocados por el destino habían desatado una verdadera Revolución en el equipo galo: la eliminación (prematura) en la Eurocopa 2008, la mano de Henry, Irlanda, repechaje, los astros y el tarot, líos de faldas en la activa vida nocturna parisina, peleas, riñas y… Domenech.

Justo cuando las tropas expedicionarias francesas habían pisado suelo africano, se toparon con una batalla sin victoria en Ciudad del Cabo contra las tropas uruguayas, con una humillante derrota en Pueb… digo, Polokwane a manos de 23 zacapoaxtlas y con una ultima batalla perdida contra la tribu local. A la par de la preparación para dichas batallas, la Revolución inevitablemente ya se había encendido. El sargento Anelka había rechazado la autoridad de su megalómano ‘Rey-Coronel-Emperador-Profeta’ Raymond I (conocido como el Nostradamus de Pacotille), este último decidiendo la definitiva expulsión del rebelde subordinado con rumbo a Paris sin la consulta a los demás integrantes del batallón. La tropa inmediatamente se sublevará (algo raro en la historia francesa… si, claro) y se negará a practicar las estrategias de batalla, en exigencia de su derecho al voto con respecto a la situación de su compañero. Francia será exhibida públicamente y de manera vergonzosa regresará a casa después de una fallida expedición al sur del continente negro. El teniente Henry exhibirá el desorden que se vivía dentro de la tropa ante la opinión pública, que exigirá de manera inmediata la cabeza de la mayoría de los involucrados en aquella situación tan lamentable. Las hojas de acero están afiladas y listas para hacer rodar las cabezas de los déspotas, ególatras y traidores… Cualquier similitud de este relato con diversos y variados pasajes de la historia general de la nación francesa son mera coincidencia.

Quizás sería lugar común bautizar a esta escuadra francesa como ‘Los Miserables’; pero mejor adjetivo para este equipo de fútbol no existe. La selección francesa de 2009-2010 fue un can-can, una decadente corte real, un tugurio de mala muerte, un espectáculo circense y una ‘Toma de La Bastilla’; todo al mismo tiempo. Por eso no es de sorprender que las guillotinas ya hayan degollado las primeras cabezas dentro de la Federación Francesa de Fútbol.  Y no es para menos después de semejante ‘periodo del Terror’ que se vivió en la escuadra azul y que esta concluyendo con la caída de las navajas sobre los cuellos de los indignos (y que al parecer dichos eventos se extenderán por unas semanas mas).

Así como hubo un Luís XIV en la historia, así hubo también un Zinedine I en el fútbol galo. Todos saben que después de Luís XIV vino la decadencia del reinado francés que culminó con una Revolución y el posterior ascenso de Napoleón; trayendo consigo una época de renovada gloria para Francia. En el fútbol francés ya ocurrió dicha Revolución; ahora solo falta que encuentre a su ‘Napoleón’. Lo mas lógico es que aparezca en la figura de un comandante en jefe. Un estratega que haya militado desde lo mas bajo del ejercito. Alguien que sepa lo que es batirse en el campo de batalla. Laurent Blanc aparece como el reemplazo indicado al caído ‘Lunático de Lyon’ y su labor consistirá en limpiar el ejercito francés de miembros apáticos y desgastados del viejo régimen (Henry, Anelka, Gallas, Malouda), conservando a experimentados y con ganas todavía de triunfar (Evra, Ribery, Toulalan, Diarra) e integrando a los jóvenes pero bravíos y feroces soldados (Gourcuff, Lloris, Benzema, Nasri, Ben Arfa, Gignac) a los cuales ha demostrado poder dirigir con éxito durante su tiempo como Jefe del Regimiento de Bordeaux (Burdeos), donde contaba con una mayoría de jóvenes e inexperimentados. Esta mezcla de experiencia con rejuvenecidos bríos y talentos, mas la frescura y modernidad de las estrategias del nuevo Comandante en Jefe son, al parecer, la solución ideal (y ya tomada) para que Francia regrese triunfalmente adonde merece estar. Hasta el cambio del sastre de sus uniformes y barretes (cambia de Adidas a Nike después de estar 36 años con la marca alemana) parece augurar una nueva época de gloire para los franceses. Francia, como país, resurgió de las cenizas después de una desgastante y cruenta Revolución para reinventarse y cambiar la historia universal. ¿Podrá su selección copiar algo de su historia para hacer lo mismo en el terreno futbolístico? ¿O esta vez la historia no será la mejor maestra y acaecerá otro desastre sobre Paris y el resto del territorio? Solo el tiempo nos podrá dar la respuesta, y la primera prueba se asoma dentro de dos años en territorios polacos y ucranianos. Suficiente tiempo para entrenar y preparar a las tropas para una campaña al Este de Europa y comenzar un nuevo dominio imperial en el fútbol mundial… ¿o no?

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Sigue a Gustave J. Mercat en Twitter: @El_Gustau

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